Sólo hubo una decisión importante en mi vida. Elegí el pincel y no la azada.
A veces siento que me equivoqué...

jueves, 29 de enero de 2009

Pixo




Todavía desde el camino pueden verse los cañizos en casa de Pixo, en un lateral del riu-rau donde tenía la caldera para escaldar la uva antes de solearla. Pepe, -que así se llamaba- era un tipo curioso, tímido, retraído, humilde hasta la molestia, meticuloso en el campo, exquisito en los detalles o como mi madre resumía: “fino”, que en mi casa es lo más distinguido que se puede ser, y “saludador”; allá donde estuviera en su viña, mimetizado entre sus cepas, te veía y hacía un gesto con el brazo apoyado sobre la azada arreglándose el pañuelo de la cabeza. En verano llevaba unos pantalones demasiado cortos que enseñaban sus delgaduchas y fibrosas canillas y al final de éstas, las cintas de las caretas y los cinco amontonados dedos renegrido
s. Todos los días regaba con medio pozal de agua las dalias para su hijo, a quién se las llevaba una vez por semana. Nunca le vi titubear y menos improvisar, no se guiaba por el instinto, le sobraba práctica, destreza y experiencia. Creo que ese era el secreto en su viña, sabía cómo hacer las cosas porque conocía lo que eran, entendía esas cepas como plantas que daban flores aromáticas, intensas y expresivas, capaces de atraer aromas minerales del subsuelo: esqueletos y médulas fósiles que tanto abundan en nuestros suelos y que quizá le recordaran a su hijo.

jueves, 22 de enero de 2009

CV-749

Conozco la CV-749 desde que era pequeñito. A mi padre le encantaba fotografiar viejos olivos y descubrir rincones para pintar. Siempre le han interesado los encuadres, los detalles, las piedras, los troncos, las nubes, los números, las palabras, todo aquello que necesitara un ordenamiento conceptual basado en un orden bien aprendido, y expresarlo de una manera lógica, casi pedagógica. Para mí el paisaje es algo que nace antes de verlo, es una idea que lucha como posibilidad con lo que te vas encontrando y muchas veces sucumbe al paisaje real. Una derrota. Lo contrario es receta o fórmula.

Entre el “Barranquet del Repelat” y el “Corral de Carachel”, a unos cuatrocientos cincuenta metros de altura, entre montañas encontré esta viña rodeada de olivos, pinos y almendros, con su propio microclima, apenas viento, agua y muchas horas de sol. Parece un lugar concebido para plantar cepas de moscatel.

El cuadro está en casa de Eva y Jorge.

lunes, 19 de enero de 2009

El Riu-Rau

Mi tío Pepe tuvo apilados durante años unos cuarenta cañizos donde soleaba la uva hasta convertirla en pasa. Los guardaba en un riu-rau abierto a una era de tierra finísima y blanca. Para evitar la polvareda de buena mañana la regaba su mujer, Julia, aunque al salir con las bicis aquello se convertía en una mezcla de arena y recuerdos al ¡Sant Dimoni! La era quedaba después como un cutis entre óxido y gris, un poco como un cráneo carcomido por metálicas termitas.

En el suelo de este cuadro están fundidos todos los blancos que recuerdo de aquella era que siempre fue mi tía Julia. Era muy gorda y cuando me veía salir con la bici a menudo me preguntaba: -¿Dónde vas?-, rutina que me angustiaba y cargaba de responsabilidad: -A dar una vuelta-. Mi mejor pasatiempo y algo que aún hago, pasear y eludir respuestas.

El riu–rau protegía la uva de la lluvia o la humedad nocturna. En su interior y en la esquina donde se almacenaban aquellos cañizos colgamos este cuadro, cuyo escenario a modo de era gris payne nos recuerda aquella otra que ya no existe.

miércoles, 14 de enero de 2009

Bancales

Una de las cosas más curiosas que todavía hoy pueden contemplarse en la montaña de Alicante es la cantidad de márgenes y bancales que resisten el peso del tiempo. Y es que algunos soportan demasiado, sobretodo aquellos que están cerca del mar, con su humedad constante y la vegetación campando a sus anchas. Siguen ahí a pesar del abandono de los campos, la caída de las lluvias, los incendios... Son el “terroir” pictórico de la mayoría de mis paisajes, tierras pobres, blancas y amarillas, donde casi todo se integra a la fuerza y como movido por un deseo de resistencia, los contornos, las sombras, y siempre las cepas diseminadas en interminables bancales. Soy un amante de los vinos donde lo que se respeta es el color de la tierra, el margen caído sobre una cepa, el estéril subsuelo, el sonido de la cigarra en el “sinfín de los almendros”, el llebeig entrando por donde hace daño, la microscópica flora y fauna del lugar. Todo eso que he aprendido a catar pintando.

viernes, 9 de enero de 2009

Marnes

Carecer de memoria te habitúa a no trazar planes. Y no es que los recuerdos sirvan para trazarlos, no soy de los que confunden lo que se quiere con lo que se desea, pero de alguna manera y casi por obligación tiendo a prever lo imprescindible más que lo útil. Cuando salgo al campo a buscar viñas (porque literalmente es eso lo que hago), lo único que preciso es tener tiempo y actitud. Para un pintor cualquier día no vale, cualquier hora no es buena. La actitud tiene que ver con esa capacidad devoradora de escudriñar el paisaje buscando la forma de fijarlo en el tiempo.

Uno de esos días encontré esta viña, justo al final del asfalto de una carretera comarcal a unos trescientos metros de altura y con una orientación sur-este, plantada toda ella de giró (garnacha) y algo de moscatel romano. Lo más curioso es que en el último bancal hay unas jóvenes cepas plantadas (ya injertadas) sin tutor y muy cercanas unas de otras, apenas un metro de distancia y con unos frutales en los extremos. En fin, una maravilla para los ojos y las manos...Desconozco el pie de esas viñas, puede que sea 161.

Me obsesiona el tema del portainjertos elegido y cómo afecta al comportamiento de la planta en terrenos con mucha caliza, humedad y unas piedras que atrapan el calor diurno del verano y lo van soltando poco a poco por la noche. Ésto la moscatel sabe hacerlo a la perfección.

El cuadro lo tengo en casa y no será la última vez que lo pinte.

lunes, 5 de enero de 2009

Porrera

Asistimos en noviembre al “Taste de Porrera”, en parte porque soy lector del blog de Dominic y tenía curiosidad por ver el Priorato del que tanto me habían hablado. Y, mira por dónde, no vimos apenas nada de la comarca, ni una cepa, salvo desde el coche. Pero sí que bebimos unos cuantos vinos que no me atrevería a describir porque me aburre mortalmente. Sólo diré que uno de los primeros que probé fue el “Vinyes Altes” de Clos Dominic y me gustó demasiado: destila transparencia y proximidad, seduce desde la paleta de carmines con que te recibe. Ya me pasó cuando lo probé en el Wine Bar del Enópata: no se deja beber, es irresistible por independiente, no se puede evocar, es como una droga en el recuerdo, como una madre a la que no has conocido...
Estuve charlando un rato con Paco, marido de Dominic y el que cuida la viña, de cosas nuestras (abonos, podas, tratamientos y demás). A la gente del campo nos atrae el campo más que las personas, así que hablamos poco.

Y lo mejor del fin de semana fue que conocimos a un par de tipos que aterrizaron por allí ajenos al mundo del vino y con los que lo pasamos en grande. Nos hicimos como “hermanos de vinos”. Él quedó segundo en el concurso de tiro de hueso de aceituna, (hace boxeo y está fuerte de cojones). A ella le encantaba la palabra “retrato” y, claro, como soy pintor mi mujer a la vuelta me dijo: “venga Juan, hazles uno” y como no sé decir que no...

viernes, 2 de enero de 2009

Poda

Hoy he podado. Podar es lo que más me gusta del trabajo en la viña, quizás la parte más creativa y exigente. Ningún hombre poda igual que otro. Jamás dejaría que nadie (salvo mi mujer) podara mis cepas, concebir el paso del tiempo como un arte de renuncias y apuestas desde la perspectiva de lo necesario, es algo que sólo se aprende entendiendo la naturaleza de la planta. La poda es el dibujo, la idea, la esencia capaz de desarrollarse en una obra efímera que viene a durar un año y se perpetúa en apenas diez centímetros de madera o lienzo.

Este cuadro está en casa.