

Cuando llegamos Laura y yo, ya habían abierto un Chateau Rayas blanco sorprendente y extraño. Tras un par más de Châteauneuf-du-Pape tintos y uno blanco, llegamos al vino de la noche, uno de los pocos que conjuga esas trece variedades del sur del Ródano: Grenache, Syrah, Mourvèdre, Cinsaut, Counoise, Vaccarèse, Terret Noir, Muscardin, Bourboulenc, Clairette, Roussanne, Picardan y Picpoul. La botella, creo que del año 1997, fue una sorpresa de nuestro amigo Cristiano, un vino complejo y encantador como él. Original, especiado, profundo y con algo de tabaco. Después de esto, ya no existía guión posible, abrimos una garnacha dulce y para acabar un dulce del Loira. Como Juan Ferrer y un servidor nunca tienen bastante, recrecidos como estábamos, nos acercamos al wine-bar a por unos champagnes...
Gasparino nos hizo lo que mejor sabe hacer para cenar: pizza. Dos enormes e irregulares pizzas con un pesto de escándalo y una calabaza de vicio.
Paco a lo suyo, foto-trago-foto y mejor si no se le molesta. Quino tenía bastante desde su esquina, escuchando a Celibidache y su versión de la Inacabada de Schubert con la Orquesta de la Radio della Svizzera Italiana en Lugano, el catorce de junio de 1963.