De pequeños íbamos a comernos la mona de Pascua a la montaña. Buscábamos una de esas piedras planas y a la vez cortantes donde cabíamos la chiquillería y los mayores nos tenían a todos al alcance de un huevazo en la cabeza.
Sobre esas mismas calcinadas piedras, soleó Vicent el año pasado un poco de moscatel para elaborar un sutil y fragante dulce. El otro día probamos la penúltima botella y sentimos algo de nostalgia...
Xe, qué bo estaria eixe Moscatell!
ResponderEliminarQue te millores!