Sólo hubo una decisión importante en mi vida. Elegí el pincel y no la azada.
A veces siento que me equivoqué...

jueves, 18 de diciembre de 2014

El valle de la inquietud


He encontrado un viñedo en la montaña, a los pies de un valle que acaba en el mar. Y he recordado este poema...

El valle de la inquietud
    Antes, un silencioso valle sonreía
    Cuando la gente en él no moraba,
    Pues habían partido hacia la guerra
    Confiando su cuidado a las plácidas estrellas
    Que vigilaban desde sus azules torres.
    Velaban por aquellas flores,
    Entre las cuales durante el día
    Ponía el sol perezosamente su luz.
    Ahora, cada visitante confesará
    La triste intranquilidad del valle.
    Todo existe allí sin movimiento,
    Todo salvo los aires que cobija
    La mágica soledad. ¡Ah, ningún viento
    Aquellos árboles seculares agita!,
    Estremecidos como los helados mares
    En torno de las hébridas brumas!
    ¡Ah!, ningún viento anima aquellas nubes
    Que cruzan el inquieto firmamento
    Veloces, eternamente rumorosas,
    Sobre las violetas que allí aparecen
    A la mirada, en miríadas de tipos,
    Sobre los lirios que se mecen
    Y lloran sobre la tumba innominada.
    Mecen, desde fuera de sí, fragante cáliz,
    Eternos rocíos derramándose en gotas.
    Lloran, de sus dulces dedos,
    Lágrimas perennes que descienden en forma de gemas.

    Edgar Allan Poe.

martes, 9 de diciembre de 2014

L'estudi


Mi padre se pasaba el día en el estudi. Casi toda la mañana y parte de la tarde estaba allí, pintando, leyendo, escuchando música, recibiendo visitas.  Allí nos enseñó a pintar y a ver el mundo desde el estudio constante y meticuloso de todo lo que nos rodeaba hasta el disfrute de interminables horas de trabajo. Estaba repleto de cachivaches inútiles para el resto del mundo pero llenos de sentido para él y  por tanto, para nosotros. La mirada de un pintor siempre es diferente. Su trabajo es un continuo estudio.
Al morir, convertimos su viejo estudio en nuestra bodega, cegamos un par de ventanas, dimos algo de pendiente al suelo y ampliamos su negra y pesada puerta. La pintamos con pintura especial, paredes y suelo y metimos en ella estrujadora, prensa, depósitos y barricas. Sólo nos faltaba el nombre...
Y ocurrió que mientras lo pensábamos, la gente, los niños y nosotros mismos seguíamos llamando a la nueva y flamante bodega: l'estudi. Como si mi padre todavía estuviera allí. Pintando.
Y decidimos seguir utilizando ese nombre para nuestro vino tinto, l'estudi, en homenaje a mi padre, a su lugar de trabajo y a su manera de entender la vida como un estudio eterno...