Verdaderamente, la infancia es una época terrible. Sobretodo para los mayores que se dedican a perpetuar desde los años aprendidos aquello que no debe trasladarse a un niño sino como desaprendimiento, es decir, como continuo proceso de búsqueda, de mejora o salida de una situación concreta. No creo que exista nada peor que transmitir el conocimiento como algo muerto, enlatado, fijo e inmutable. Entender el desequilibrio es conocer la manera de crearlo y esto es algo que pocas veces se enseña. Imaginar lo que no existe sin los medios y condiciones para crearlo resulta doloroso (por lo menos para mí). La posibilidad de la irrealidad es tan cercana en un niño como lejana para alguien incapaz de soñar.
El hijo de mi amigo Sergi en una viña abandonada cerca de casa.










