Sólo hubo una decisión importante en mi vida. Elegí el pincel y no la azada.
A veces siento que me equivoqué...

jueves, 30 de julio de 2009

Enorgía

Mi hermana disfruta horrores creando escenarios. Con cuatro cosas es capaz de hacerte sentir en otro mundo, una planta por aquí , un mantel por allá, un foco alumbrando esto, un jarrón decorando aquello... El otro día montamos una "enorgía" en casa y la primera mesa con la manzanilla y el champagne nos la decoró ella y mi cuñado. Quedó preciosa con unos cacharros que se había traído de casa y unas flores cogidas del campo.
Los siguientes vinos, de Alsacia, Sicilia, Rioja y Borgoña, los combinamos con tartas, atún, pato y langostino y repetimos otro champagne con salmón...Al final, nos adentramos en la Ribera del Duero con un maravilloso couscous preparado por Jacqueline y Michel.















Para que pasaran los postres, un poquito de moscatel de la tierra que habíamos probado unas horas antes con Juanvi y Gloria...

Y esto, la tierra y sus gentes, es lo que más nos gusta del vino. El pinot gris fronterizo, el amarillo mediterráneo de Sicilia, el inigualable perfume de los blancos de Le Montrachet, la elegancia de la tempranillo en la Rioja y la dulce, floral y amielada moscatel nuestra.


lunes, 20 de julio de 2009

El hache dos o



Es asombrosa la capacidad de absorber el rocío matinal de estas cepas. Parecen recién salidas del baño, duchaditas y aseadas, dispuestas a pasar un tórrido día de playa con su bikini verde, sin apurarse ni sudar, sin dejar de respirar aunque haga cuarenta grados.




Esta viña la plantamos a mitad de febrero. Siempre me había hecho ilusión plantar este bancal de moscatel, ya que fue el último que yo vi arrancar para plantar almendros. Nos echó una mano mi suegro (otro apasionado de los vinos) y mi hermano, que sirve para todo.


Me comentaba mi padre la otra tarde el gusto que da ahora verla...

viernes, 17 de julio de 2009

Los críticos














Desde pequeños en mi familia se nos acostumbró a ir a museos, exposiciones, galerías y pinacotecas allá donde estuviéramos. Para mis padres (ambos pintores), era en muchas ocasiones el único motivo para visitar una u otra ciudad. Los sitios obligados eran la iglesia y el museo, el espíritu y la pintura. Recuerdo estar en Roma con seis años contemplando la Capilla Sixtina y las catacumbas, aquello debió de trastornarme... Aunque claro, yo ya estaba acostumbrado a la visión de cosas poco frecuentes colgadas de las paredes, al olor de aguarrás, a los libros extraños y a los amigos de mis padres también pintores o curas.
Quienes mejor se lo pasan en las exposiciones son los niños. Tras darles de merendar en condiciones puedes conseguir de ellos lo que quieras. Son los mejores críticos, sinceros y despiadados, aunque el pintor sea su tío.



















Algunos de mis sobrinos, Juan, Angelica, Mateo y el rubiales de ojos azules, Pablito.

lunes, 6 de julio de 2009

El suelo


Hago la siesta a menudo sobre el frío suelo de cemento amarillo oro, boca arriba, sin moverme y con un libro de entre doscientas y cuatrocientas páginas bajo la cabeza. Supongo que es algo de niños, de una infancia de chapas y canicas, caídas y “cuerpos a tierra”, que han hecho de la horizontal, una mesa de operaciones ideal donde colocar mi paleta. En muchos cuadros aparece esa estructura, más o menos evidente, a modo de esqueleto cartografiador sobre el que discurre o se monta la escena, petrificada en su intemporalidad. Supongo también, que es algo animal el hecho de “probar” suelos, de tumbarme sobre cualquier superficie y sentirme un posible paciente en suelo ajeno, castigado por la imprevisibilidad de la inspiración...