Sólo hubo una decisión importante en mi vida. Elegí el pincel y no la azada.
A veces siento que me equivoqué...

martes, 16 de febrero de 2010

El encuadre


Empieza por algo tan simple como abrir las piernas, a modo de trípode, acurrucar la mirada escrutando el horizonte a través de bancales, ramas grises y saltos amarillos, y disparar. Hacer un clic en la memoria, un fundido en la retina, un nudo de color espeso y frío, que pueda durar.
En el estudio los problemas son diferentes, se intelectualizan e interpretan, y a menudo, ésto, es lo único que acaba quedando en el cuadro. Esa recreada y falsa sensación de haber estado allí, de haber visto y oído aquel paisaje, aquella perspectiva.
El cuadro está en casa de Lute.

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