Sólo hubo una decisión importante en mi vida. Elegí el pincel y no la azada.
A veces siento que me equivoqué...

martes, 17 de noviembre de 2009

Viñología pictórica



He iniciado un proyecto que llevaba tiempo pensando, una especie de viñología pictórica. Trataré de pintar aquellas viñas, bancales, laderas o paisajes que tengan algo especial, que posean lo que más aprecio en un vino: tipicidad. Y me llevará a él cualquier cosa, el azar, la amistad con el viticultor, el vino que se elabora allí, alguna cata especial, o simplemente la manera de trabajar y cuidar esas cepas.
Lo siguiente será conseguir intercambiar el cuadro por alguno de esos vinos.
El primero sobre el que estoy trabajando es uno de esos anfiteatros creados por la mano del hombre hace muchísimos años donde la viña se hace protagonista, direccionando de manera confundente la mirada y estructurando simétricamente el incómodo espacio. Una especie de precipicio cónico alargado quebrado constantemente.

martes, 10 de noviembre de 2009

05/03/1999


05/03/1999

El tiempo parece detenido en el instante mismo de un purgatorio trágicamente paradisíaco, donde la recta cierra el círculo para unir fin y principio, en un lugar grato, luminoso y a veces cómodamente amueblado y enmoquetado. Un espacio que tiende a la abstracción más o menos ficticia y cuyas únicas constantes son la luminosidad conferida por el color y un horizonte a menudo amorfo incapaz de constituirse en parte de un sistema de representación.

Lo abstracto de estos entornos no requiere un esfuerzo mental para ser aprehendido, como quizás cabría esperar, sino que al tratarse más de una reinvención y al inscribirse en ellos unas figuras fácilmente identificables, la aprehensión es inmediata. Se diría más bien que la reflexión surge y se dirige a ellas, a estas efigies de un sentimiento común, que yacen o bailan o simplemente permanecen de pie, paralizadas, como si posaran, con los ojos y la boca suspendidas en un gesto abierto (...)

(...) Pero son las figuras lo que más poderosamente llama y retiene la atención en los cuadros de Juan Tárrega que, me dice, “surgen de un acercamiento sincero y amoroso a la figura humana”. Y lo que más inquieta en el espectador es un duelo en su propio interior entre el dolor y la indiferencia, debido no tanto a una insuficiencia de la obra como a la lucha en su formulación entre lo vivo y lo inerte. Distorsión hasta lo inextricable de unos cuerpos y su materia que no se muestra orgánica y por tanto íntima, sino casi mineral, como si de una fosilización en el instante mismo del grito se tratara. El dibujo, más dinámico y gestual, circunvala y atraviesa el cuerpo dándole forma, identificando a veces partes de él (un costillar, una articulación, uno o dos sexos). (...) Y por último, el gesto sobre un rostro petrificado, prolongándolo hasta hacerlo carecer de sentido (¿no es éste el efecto devastador del tiempo?)

Esta indeterminación respecto a la durabilidad de lo representado, instante eterno, confusión entre lo dinámico y lo inerrante, la observancia de un equilibrio cromático sincronizado antífrasis de un gesto suspendido, comunión entre el dolor y la indiferencia, ¿no se asemeja a una actitud vitalmente contradictoria, a un pinzamiento en el hipotálamo, a una secreción que nos sorprende cuando más cómodos yacemos sobre un diván o cuando, de pie, observamos un cuadro? Se crea entre los cuadros de Juan Tárrega y quienes los contemplan una proximidad derivada del enfrentamiento de dos presencias inmediatas en similar actitud quieta.



Un texto antiguo escrito por Laura hace tiempo...

viernes, 6 de noviembre de 2009

La grasa y el aire






Cuando vi llegar a Juan con sus burbujitas bajo el brazo, supe que aquello iba a salir bien. Y cuando entre esas botellas había un adictivo André Clouet, la cosa no podía fallar... Quizá uno de los secretos de su paella sea la combinación grasa-aire y reconcentrada liturgia, creada en torno a nuestro heterodoxo plato. Una paella que resulta casi crepitante, aromática y ahumada como el champagne degollado para la ocasión.



Nos levantamos de la mesa a eso de las ocho, felices y sintiéndonos peores personas y mejores amigos.






lunes, 26 de octubre de 2009

Los indesprendibles


En una reseca lengua que transpira
el motivo se suspende,
en un poro sangrante se diluye
sin mezclarse.




Dos cuadros que nunca han salido de casa.

lunes, 19 de octubre de 2009

Aquel estudio...


Hace unos años, cuando todavía pintaba en otro estudio con peor luz, entró un día mi amigo Javi y me preguntó extrañado -¿qué pasa, se te ha acabado el bote de rojo?- Había pasado varios años pintando casi exclusivamente en blanco, negro y rojo. Demasiado obsesionado en el proceso de trabajo que te atrapa en un continuo y repetido gesto y mirada, excluyendo todo aquello que no signifique "tu propio camino".



Mi mujer siempre me dice que mi manera de progresar es así, lenta y dificultosa, dando pequeños pasos que a mi me suponen años de trabajo, cuadros de esfuerzos y caminos vedados. Porque el cuadro debe avanzar, tener algo nuevo y diferente al anterior aunque parezca significar lo mismo. La mayoría de mis cuadros se completan en el siguiente.



En aquel estudio pinte demasiado...

jueves, 15 de octubre de 2009

Lo incómodo




Es difícil utilizar azules cuando no te has criado con ellos. Siempre ha sido un color irreal y engañoso, incómodo hasta en la paleta de cristal desde la que embadurno el lienzo. Utilizo algún cobalto, turquesa y algo de prusia, casi nunca puros. Hace unos años ni siquiera abría esos tubos de colores tan poco "naturales". Supongo que la inclusión de ellos en mi espectro pictórico fue consecuencia del trabajo a pie de campo con el paisaje. No en un ejercicio de interpretación de lo que se pinta sino en el de captar todo aquello que se ve desde la perspectiva del tiempo y su efecto en el espacio. Ese aspecto de profundidad donde el espacio sugiere un tiempo. Fue ahí donde vi la nacesidad de introducir el azul.


Una amiga me recuerda a menudo la cantidad de pinturas que han tenido que pasar hasta darme cuenta de esto.



martes, 6 de octubre de 2009

José María



José María es un apasionado antropológico del viñedo, de la tierra, del vino y de sus gentes. Elige sus clones, busca cepas viejas para injertar variedades antiguas que ya nadie conoce y moscateles poco comunes, de los de antes de que se introdujeran los llamados aquí "gossos", de mayor vigor, porte más erguido, sarmientos larguísimos y fruta generalmente más grande pero también más irregular. La madera de cepas antiguas es de un color diferente a la de esas otras traídas de Málaga hace unos cincuenta años. Aquéllas son grises y lechosas y un poco peludas, como escarchadas. Algunas con una superficie foliar mínima producen una cantidad de uva mayor que las nuevas. Las uvas son de un amarillo intenso, brillante y nacarado, pequeñas y redondas, dispuestas de manera simétrica en la arquitectura de la planta.
En la Marina hay que ser un romántico o un idealista para dedicarse a la viticultura.
Ya somos dos...