
Resulta que Rebeca y Juan son también dos apasionados de La Marina Alta.
Resulta que Rebeca y Juan son también dos apasionados de La Marina Alta.

Paco olisqueando. 











Cuando vi llegar a Juan con sus burbujitas bajo el brazo, supe que aquello iba a salir bien. Y cuando entre esas botellas había un adictivo André Clouet, la cosa no podía fallar... Quizá uno de los secretos de su paella sea la combinación grasa-aire y reconcentrada liturgia, creada en torno a nuestro heterodoxo plato. Una paella que resulta casi crepitante, aromática y ahumada como el champagne degollado para la ocasión.
Nos levantamos de la mesa a eso de las ocho, felices y sintiéndonos peores personas y mejores amigos.


















Y nos despedimos con el único consuelo de llevarnos seis de sus vinos en una caja de madera que ya he colocado a los pies de mi caballete.
Los siguientes vinos, de Alsacia, Sicilia, Rioja y Borgoña, los combinamos con tartas, atún, pato y langostino y repetimos otro champagne con salmón...Al final, nos adentramos en la Ribera del Duero con un maravilloso couscous preparado por Jacqueline y Michel.
Y esto, la tierra y sus gentes, es lo que más nos gusta del vino. El pinot gris fronterizo, el amarillo mediterráneo de Sicilia, el inigualable perfume de los blancos de Le Montrachet, la elegancia de la tempranillo en la Rioja y la dulce, floral y amielada moscatel nuestra.

